martes, 11 de abril de 2017

SIMA TXOMIN IV

Fecha: 08-ABRIL-2017

Participantes: Sergio, Rafa, Esthela, Toño y Marta. 

Éste pasado fin de semana se programó una escapada a Cantabria. Tras una reorganización de los grupos, decidimos hacer dos simas. Yo me uní al grupo que se dirigiría a un fenómeno conocido como soplao; una interacción de mina con sistemas kársticos, o mina en cuyo interior se esconden una serie de simas.


Exactamente se trataba de una mina abandonada de galena, en la zona de Sangrices. De entre todas las simas, decidimos hacer la más visitada, conocida como TXOMIN IV, que se hacía por primera vez en el Club Abismo a excepción de un grupo que ya se había aproximado a la mina sin llegar a descender.
Así pues, se trataba de  una sima de gran profundidad cuyo interior guardaba una sala de increíble belleza conocida como la sala blanca.

Llegamos al albergue el viernes por la noche y dejando todo preparado para el día siguiente fijamos la hora de salida, con idea de estar entrando a la mina sobre las 10-11 h. Por el camino hacia Bizkaia fueron contándome la maravilla en la que nos íbamos a adentrar. Rafa con sus apuntes bien organizados me resumía la topografía y todos aportaban detalles demostrando que se habían mirado la lección previamente.


Con el coche de Sergio llegamos casi a la boca. Pocos minutos después nos encontrábamos a un grupo de Barcelona que tuvo que cambiar de planes y que por poco nos hacen cambiar los nuestros. Por suerte habíamos madrugado un poco más y llegamos antes, a pesar de haber estado dando vueltas por la zona hasta que encontramos el lugar exacto.

Nos cargamos con los hierros, sacas y demás material y comenzamos la aventura. Accedimos al soplao en busca de la Txomin IV. Por el camino fuimos encontrando huellas de lo que había sido la mina en su día, antiguos raíles, tablones de madera y más; que llamaron mucho mi atención. Tuvimos algunas dificultades con la topografía, no nos cuadraba con lo que íbamos viendo, pero eso no impidió que nuestro instinto nos llevara hasta nuestro destino.


Tras adentrarnos por unos bloques comenzamos la bajada. Un tramo con pequeños descensos combinados con un largo pasamanos perfectamente puesto por nuestros instaladores. Bajo nuestros pies teníamos nada más y nada menos que un pozo de 253 m, que íbamos dejando atrás a medida que avanzábamos. Esta zona contaba con grandes coladas y banderas de impactante color blanco perla.

Tras un pozo de 20 m, que descendimos a ritmo de Sueño contigo de Camela; llegamos a una sala donde aprovechamos para comer algo, reponer fuerzas y estudiar qué tocaba montar a continuación. Tuvimos un rato de espera algo largo ya que comenzaba la instalación del basto pozo de 110 m. Se trataba de una instalación ya no tanto complicada sino de mucha impresión, que consiguió asustarnos a más de uno. Los anclajes no nos aspiraban mucha confianza. Al no verlo del todo claro, a punto estuvimos de darnos la vuelta; pero nuestros instaladores lograron con éxito pasar el mal trago y convencernos de que era seguro seguir adelante.

Personalmente la cabecera aérea que dejaba el grandísimo pozo a tus pies me puso el corazón a mil, los nervios se palpaban en el aire; pero mis queridos compañeros me dieron energía y confianza suficiente para que se convirtiera en un fraccionamiento más.

Lo que siguió después fue una serie de fraccionamientos, todos en volado, pero nada que ver con la cabecera; que hizo que creáramos una impactante imagen de luces que se sucedían mostrando la profundidad del magnífico pozo. Éste acababa con un volado de unos 30 metros donde las paredes mostraban unas formaciones alucinantes.



Una vez abajo, una enorme sala se abría ante nosotros. Nuestro siguiente objetivo era la famosa sala blanca de la que tanto me habían hablado durante el viaje. Para acceder a ella tuvimos que andar entre bloques en sentido contrario al pozo de 235, hasta dar con un pozo de 18. Una vez descendido, teníamos un paso estrecho que a más de uno le hizo meter tripa y quitarse el casco. Y tras andar agachándonos un poco más por fin dimos con la sala.



Pocas palabras pueden describir lo que teníamos ante nuestros ojos y muchas menos la sensación que me hizo sentir. Nos alucinaron tanto las formaciones de excéntricas de un impoluto color blanco, que llegamos a tumbarnos a disfrutar del techo que teníamos encima. Contaba con tantísimos detalles que no sabíamos a donde mirar. La sala tenía de todo, formaciones espectaculares, un pequeño lago de agua cristalina que mostraba un color azul apetecible, coladas, columnas… maravillas. Sergio no para de obligarnos a hacernos fotos y no tuvimos más remedio que complacerle.






En todo momento procuramos no manchar nada y andar por zonas ya pisadas para respetar el lugar donde teníamos el privilegio de encontrarnos. La sala nos cautivó tanto que perdimos una hora completa sin darnos cuenta. Pero siendo realistas y aunque alguno se hubiera quedado bastante rato más, consideramos que era hora de irnos para no llegar excesivamente tarde.



Deshicimos lo andando hasta la gran sala y comenzamos a ascender el gran pozo. Para mí fue maravilloso usar por primera vez el Pantin que amablemente me había dejado mi compañero Nacho. A buen ritmo llegamos arriba donde hicimos una parada bien merecida.

Aunque tardamos un poco en desinstalar la aparatosa cabecera, la subida no nos llevó mucho más de 2 horas. Regresamos al inicio de la sima sin contratiempos y ayudándonos unos a otros.

Siguiendo las marcas y cantando la canción de los enanitos de Blancanieves, volvimos a salir al exterior a eso de las 23:00, sumergidos ya en la oscuridad de la noche. Finalizamos la aventura con una buena fotografía y fuertes abrazos, símbolo del agradable ambiente y el buen rollo que se apreciaba en el grupo.
Francamente fue una experiencia digna de recordar. Infinitamente agradecida a todos mis ya no solo compañeros, sino amigos.

Marta Gutiérrez Alonso